1.1. ANTECEDENTES

  Desde el momento en que una fuerza organizada para el comba­te embarca, ya sea troncos ahuecados, balsas, canoas naves, surge el soldado de Marina, con aptitud para luchar no sólo en tierra, sino en

Los egipcios, griegos, persas, romanos, árabes, trataron de conseguir poderosas naves para poder transportar sus ejércitos o prote­ger su comercio marítimo.

Antes de que España fuera una realidad, y antes también de que se pudiese hablar de la existencia de la Infantería de Marina, hubo sol­dados de guarnición en las armadas y flotas. Se contrataban como el ;esto de los profesionales para un viaje o jornada concreta y no forma­ban unidades permanentes. Más tarde, cuando aparezcan las primeras unidades asignadas específicamente para esta misión marítima, esta novedad no desterrará en mucho tiempo el antiguo sistema, coexistien­do con él.

El soldado de Marina es una realidad en la Baja Edad Media (y probablemente antes) en Castilla y Aragón. Los soldados de mar sólo tienen misión a bordo de las naves, cuyo combate definitivo es muy similar al del asalto de una fortaleza o reducto en tierra. Por tanto, la antigüedad del soldado de Marina es en nuestra Patria anterior a su uni­ficación política.

  El antecedente hispano más antiguo de la Infantería de Marina se remonta a Las Partidas de Alfonso X: "los sobresalientes". El orde­namiento alfosí establecía (Part. II,XXIV, 6) que: ... "Et sobresalientes llaman otrosí a los homes que son puestos además en los navíos, así como los ballesteros y otros homes de armas". Es decir, el sobresaliente era un soldado embarcado que no reali­zaba funciones marineras, sino tácti­cas. En este sentido, las funciones de los sobresalientes se centraban, según el tenor de las Partidas, en lo siguien­te: "...non han de facer otros oficios sinon defender a los que fueren en su navío lidiando con sus enemigos". Debían ser: "... esforzados, recios et ligeros lo más que ellos pudiesen, et quanto mas usados fuesen de la mar tant será mejor". El "Libro del Consulado de Mar, pormenoriza por su parte los derechos y deberes de "hombres de armas" y ballesteros embarcados. Se trata de personal contratado individualmente. No pro­ceden de unidades regulares ni forman más que grupos combativos den­tro de cada barco. Son gente famJiarizada con la guerra en la mar, la defensa del buque y el golpe de mano a costas enemigas.

  Los soldados de mar, alistados a la vez que la marinería para cada actuación naval concreta, tuvieron una decisiva intervención en las luchas castellanas contra ingleses y franceses, bajo el mando naval y militar de sus almirantes y capitanes. La cornisa cantábrica fue enton­ces la cantera de estos combatientes que, nacidos en el medio marítimo, eran auténticos especialistas de su profesión.

  Realizada la unión peninsular e iniciada la gesta americana, desde las tres naves colombinas en adelante, todo buque lleva su guarnición de soldados contratada por los propios capitanes y propietarios de los buques.

La Casa de Contratación sevillana pronto organiza algo que se podría asemejar a un ejército privado, si no se estuviesen defendiendo intereses del Estado, para atender las necesidades defensivas de las flo­tas de Indias. Surge así lo que pronto se conocerá como Tercio de Galeones, que presenta la gran novedad de que no se recluta para cada ocasión, sino que, al menos en estructura, permanece de forma estable, embarcando en su momento, sirviendo durante el viaje, estancia y tor­naviaje, regresando e invernando en los cuarteles que se le asignan. Esto supone ya el cumplimiento del requisito mínimo para ser considerada esta unidad como de Infantería de Marina, aunque su carácter militar quede un tanto desdibujado por su dependencia de la Casa, mucho más mercantil que combativa.

Sin embargo, la raíz de la actual Infantería de Marina es otra uni­dad con la que se mantendrá el nexo histórico en siglos venideros a tra­vés de otras que son sus sucesoras: el conjunto de compañías o “tropas”

conocidas como "Compañías Viejas del Mar de Nápoles" al servicio per­manente de guarnición no sólo de las galeras de ese reino, sino de cua­lesquiera otras que lo precisen y de las que hablaremos posteriormente con más detalle.

1.2.CONDICIONES HISTÓRICAS PREVIAS A LA CREA­CIÓN DE LA INFANTERÍA DE MARINA ESPAÑOLA

  1.2.a. La amenaza turca

  La creación y desarrollo inicial de la Infantería de Marina coinci­de con el momento en que el Imperio Turco alcanza su máxima expan­sión. Se trata de una situación estratégica de extremada peligrosidad que amenazaba a toda la Europa Cristiana del siglo XVI con caer en manos de los turcos.

La amenaza turca empezó a materializarse de forma preocupante con el asalto a Constantinopla en el 1452 por Mohamed II. La presión se hizo más intensa al acceder al trono, en 1521, Solimán el Magnífico. En el primer año de su reinado (1521) conquista Belgrado, llave del Danubio medio; al año siguiente, tras seis meses de sitio, cae Rodas, llave a su vez del Mediterráneo oriental y obstáculo permanen­te al enlace por mar de Turquía con Egipto. Cuatro años más tarde, en 1526, tuvo lugar la decisiva batalla de Mohacz, que le dio a Solimán el dominio de Hungría, y en 1529 Viena es sitiada por primera vez. En 1534 cae Bagdad y el año siguiente Kair ed Din, más conocido como Barbarroja, conquista Túnez y llega con sus incursiones hasta las bocas del Tíber.

Era preciso reaccionar con toda rapidez, ya que Túnez cogía por la espalda el arco defensivo de los estrechos de Messina y el canal de Sicilia. Así, en junio del mismo año 153, Carlos 1 recuperó Túnez.

1.2.b. La importancia de la galera

  En la realidad que España suponía a principios del siglo XVI y en su interés coincidían no sólo dos espacios marítimos diferentes, separa­dos físicamente por el peligroso paso del Estrecho, sino dos marinas dis­tintas, de diferente especialización, con otra organización y medios navales que no pudo ser llevada de un lado a otro con éxito pleno duran­te siglos. Las naos atlánticas, recias y pesadas, no resultaban de utilidad en el Mediterráneo frente a las ágiles galeras que no precisaban de impulsión vélica para huir o atacar,' contando siempre con la ventaja del barlovento.

  Era rápida, con silue­ta baja, tenía "motor" (los galeotes o chusma), con lo que podía maniobrar con agilidad. Sus rudimentarios cañones fijos a proa lanza­ban una andanada y luego la potencia de fuego y .cho­que residía en los arcabuces y en el asalto de la infante­ría embarcada. Realmente era talla importancia de la infantería embar­cada que sin ella prácticamente era nula la eficacia de la galera.

  La galera, en aguas calmas, y cuando la artille­ría aún no se había desarro­llado, presentaba indudables ventajas para el combate.

  No es de extrañar, por tanto, que Carlos 1 se diera cuenta que la clave del éxito en el Mediterráneo era la acción de las galeras, el único medio de la época con el que era posible el dominio del mismo. Pero la potencia de fuego y choque de las galeras, aparte de dos o tres cañones fijos a proa y algún que otro "esmeril", residía en los arcabu­ces de su infantería embarcada, que en la práctica era una artillería ligera que actuaba sobre las falcas entre los remos y que luego com­batía sobre la pequeña plataforma de la arrumbada, desde donde se iniciaba el abordaje.

  El soldado de galeras intervenía en los dos tiempos en que cabe dividir el combate entre este tipo de buques. El primer tiempo transcu­rre desde el avistamiento de la galera enemiga hasta su aproximación al alcance de las armas de fuego portátiles. Sin embargo, es en el segundo momento, el abordaje y su preparación, y en su caso en la defensa de la nave, cuando interviene como profesional de las armas. En gene­ral, la mitad de la gente tanto de mar como de guerra (el llamado bata­llón) nunca salía de la galera y apoyaba con el fuego la acción de la otra mitad, que a su vez se dividía en dos partes, una que era la fuerza de choque y otra la reserva. La fuerza de choque tomaba la arrumbada de la galera enemiga, para desde allí proteger el avance de la reserva por la crujía y los corredores laterales y neutralizar los puntos dominantes, que eran el fogón y el esquife.

  Para la defensa de la nave la guarnición se dividía en vanguardia, batalla, retaguardia y socorro. La "vanguardia" defendía el tercio delan­tero de la nave, cubriendo la arrumbada, la crujía y los corredores late­rales. La "batalla" cubría el centro de los núcleos altos del fogón y del esquife. Precisamente Cervantes como cabo de la escuadra tenía a su cargo la defensa de la zona del esquife en la galera "Marquesa", lo que normalmente se hacía con cinco soldados, tres de ellos arcabuceros, y dos a cargo de un esmeril y del lanzamiento de piñas incendiarias. La "retaguardia” defendía el tercio de popa y, por ultimo, “el socorro” era una reserva que se mantenía bajo cubierta.

  En la Armada de Galeones, que cubría la ruta de Indias, la situa­ción era diferente, ya que su navegación exclusiva a vela y su mayor artillado disminuían la importancia de la guarnición militar el buque.