CAPITULO 2

2.1. CREACIÓN DE LA INFANTERÍA DE MARINA

  2..1.a Las Compañías Viejas del Mar de Nápoles

            El hecho real, anterior a 1537 y por desgracia bastante frecuente, era que la infantería embarcada muchas veces era insuficiente y de mala calidad porque se contrataba directamente por el capitán de la galera o todo lo más a nivel de escuadra .de galeras

         A principios del siglo XVI en las galeras no parece existir distinción entre tri­pulación y guarnición. A partir de 1530 se aprecia la contratación independiente de arcabuceros.

           Siendo preciso tener asegurados, por tanto, al menos 30 arcabu­ceros por galera de la mejor calidad posible, Carlos I creó en 1537, para asignar a las Escuadras de Galeras del Mediterráneo, las "Compañías Viejas del Mar de Nápoles".

           Estas compañías estaban asignadas de forma permanente a la armada de galeras del reino napolitano y a la disposición inmediata del virrey o, más tarde, del capitán general del Mar como mando operativo de todas las fuerzas navales del ámbito. Siendo, por tanto, la primera unidad militar que, desempeñando unos cometidos específicos distintos de las demás unidades de Infantería, tenía carácter de fuerza perma­nente o semipermanente y estaba asignada de forma definitiva a la Armada, se considera origen de la Infantería de Marina.

  Estas unidades repartían sus fuerzas entre las galeras quedando su sostenimiento a cargo de las mismas y, a prorrateo entre todas, el capi­tán y su plana mayor cuando embarcaba completa una compañía. Su misión, como antes se dijo, era exclusivamente de guarnición de buques, ya que la compañía, como unidad táctica, era muy pequeña para cualquier acción seria en tierra y, por otra parte, era muy peligro­so dejar a las galeras sin guarnición.

 

2.1.b. Los fracasos de Argel y Gelves

           A pesar de la victoria de Carlos I en Túnez, la presión otomana es incesante en todos los frentes. En el Mediterráneo los turcos delegan de momento su acción en los piratas berberiscos. Barbarroja, en sep­tiembre de 1538, delante de Prevesa, aniquila las flotas genovesas y venecianas al mismo tiempo que Solimán dirige el esfuerzo principal al flanco SE. de Europa, invadiendo en el mismo año 1538 los Balcanes; como consecuencia, en 1540 cae Budapest.

  Barbarroja domina por completo el Mediterráneo y Carlos I deci­de intentar acabar con esta situación atacando Argel, arsenal y base principal de los corsarios berberiscos. La acción se realizó en octubre de 1541 con una fuerza de 36.000 hombres en 451 transportes y 65 gale­ras, pero el ataque, en el que por cierto participó Hernán Cortés, fraca­só debido a un fuerte temporal que impidió el asalto.

  El dominio naval turco es cada vez más potente y en 1551 cae Trípoli en manos de Dragut. Esta vez la reacción se hizo esperar cuatro años, y en el año 1560 Felipe II (en 1555 había abdicado Carlos 1), a instancias de los Caballeros de Malta, decide recuperar Trípoli, sufrien­do la cristiandad en esta acción un enorme desastre.

El panorama no podía ser más desolador y la moral cristiana más baja. Desde la expedición a Túnez en 1535, es decir, desde hacía vein­ticinco años la cristiandad no hacía más que recibir reveses por todas partes, y los continuos triunfos turcos y berberiscos hacían presagiar la caída en breve plazo del Mediterráneo central, cuyas plazas cristianas de África, Orán y Mezalquivir, fueron atacadas por el rey de Argel en 1563. Ahora, perdida la iniciativa, sólo quedaba esperar el golpe turco definitivo y tratar de enfrentarse a él en las mejores condiciones posibles.

2.1.c. Malta. La clave del Arco

           En efecto, durante el invierno de 1564 llegan noticias de que los turcos preparan una poderosa flota, pero el objetivo de su ataque es un misterio; se sabe que Francia y Venecia serán respetadas, luego el ata­que sería o contra Italia o contra España o contra Malta.

  La guarnición española de La Goleta, en Túnez, es reforzada. Los Caballeros de Malta tratan de mejorar las defensas de su isla y hacer acopio de armas y provisiones. Al fin, el esperado y temido ataque turco se desvela, su objetivo es Malta, la llave de la 'línea defensiva del Mediterráneo central, y el 18 de mayo de 1565 desembarcan las pri­meras fuerzas turcas.

  Es preciso reaccionar con rapidez en ayuda de Malta y lo prime­ro que hay que hacer es reforzar las fuerzas del Virrey de Sicilia, D. García de Toledo, para que éste acuda en defensa de los heroicos Caballeros de Malta.

  Pero lo de la rapidez no era más que un eufemismo, ya que se carecía de fuE;rzas "disponibles" y apropiadas para hacerla.

  La escuadra de galeras de la "guarda del estrecho" que mandaba D. Alvaro de Bazán sale el 7 de mayo a toda prisa para Barcelona con objeto de embarcar 4.000 hombres; en Palamós se le unen 16 galeras al mando de D. Gil de Andrade; en Génova embarcan 1.500 hombres del Maestre de Campo D. Sancho Landoño; llegan a Nápoles el 20 de julio y finalmente el 5 de agosto se reúnen en Messina las fuerzas que han de auxiliar a Malta.

  Después de una serie de dudas, el 25 de agosto de 1565 el Virrey de Sicilia, D. García de Toledo, se hace a la mar y al final del amane­cer del 7 de septiembre desembarcan en Malta y consiguen rechazar y obligar a reembarcar al enemigo con el auxilio de los heroicos defenso­res de Malta. El ataque final turco estaba previsto precisamente para el 7 de septiembre y con un solo día más que se hubiesen retrasado se habría perdido Malta y con ella la clave del arco defensivo que protegía el Mediterráneo central.

              Es decir, que a pesar de la alerta producida durante el invierno de 1564 y la confirmación del punto exacto del ataque turco el 18 de mayo, se tardaron “casi cuatro meses en reaccionar a la temida y espe­rada acción enemiga.

              2.l.d. Los primeros Tercios de Infantería de Armada

             La salvación de Malta fue la primera reacción positiva de la crist­iandad después de un largo período' de desastres e hizo a Felipe II ornar clara conciencia de la situación límite a que se había llegado, y pues era preciso organizar "equipos" permanentes de Fuerzas navales y terrestres que estuviesen en condiciones de combatir a bordo y en tierra y que mantuviesen una "disponibilidad" casi absoluta. No se podía en modo alguno andar recorriendo el Mediterráneo para recoger aquí y allá fuerzas terrestres que de golpe se veían en unas condiciones de ambien­te y de combate que no eran las suyas habituales. Lo mejor era poten­ciar las veteranas Compañías Viejas del Mar de Nápoles, en todo momento vinculadas a las acciones navales.

               En consecuencia, Felipe II ordenó que se creasen tercios que fue­sen desde el primer momento incorporados a la Real Armada.

     Así, el 27 de febrero de 1566 se crea en Cartagena el Tercio de Armada para atender de forma permanente las necesidades de guarni­ción de las armadas de guerra, de forma parecida, aunque no igual, a la que desde 1528 venía haciendo el Tercio de Galeones respecto a las naves de las Indias. Fue su primer Maestre de Campo D. Lope de Figueroa. En .los primeros tiempos se le conoce como "Tercio de la Armada del Mar Océano" o bien como "Tercio de Armada" o "Tercio de Figueroa", según era empleado en el Atlántico, como guarnición de la citada armada, o bien en el Mediterráneo.

  El Tercio (Nuevo) de la Mar de Nápoles o Corona, apodado el "Mar y Tierra", se creó el mismo día que el anterior bajo el mando de su también primer Maestre de Campo y fundador D. Pedro Padilla y, como el anterior, se incorporó rápidamente a Nápoles. A pesar de esta nueva creación se consideró heredero del Tercio Viejo del Mar de Nápoles, que con el tiempo parece ser que llegaron a constituir las Compañías Viejas, por lo que este Tercio adquirió la antigüedad de las mismas, 1537, y es por tanto el Tercio cuna de la Infantería de Marina.

             Ese mismo año nacía el Tercio de Galeras de Sicilia, aunque su antigüedad se remonta a 1535.

  El Tercio Viejo del Mar Océano y de Infantería Napolitana se creó algo más tarde, el1 de septiembre de 1571,y tuvo la condición de unidad móvil con algunas actuaciones navales de las que le quedó el nombre, cambiado posteriormente por su abreviatura: Regimiento Nápoles (1707).

  Estos primeros Tercios tendrían ocasión de poner en práctica su valía en numerosas acciones.

  El Tercio de Armada inicia su vida con un contingente inusitado, nada menos que 6.697 hombres distribuidos en 40 compañías; una fuerza de esa magnitud muestra que no había sido creada únicamente como guarnición de buques.

  Embarcado en 1567 en la Armada del Mar Océano, se irá des­vinculando en años sucesivos de su carácter naval ya que sus servicios son requeridos en los Países Bajos y en la Guerra de las Alpujarras. Finalizada ésta, desde los primeros planes de creación de la Santa Liga contra el turco se piensa contar con esta unidad aguerrida y a este obje­to embarca hacia Italia y Messina en las Galeras de España formando un total de 16 compañías. Organizada la escuadra, las banderas de don Lope de Figueroa se distribuyen entre las galeras de España, de Nápoles y de Génova.

  De los 8.160 soldados españoles que combatieron en Lepanto en 1571, 2.285, al mando de ilustres capitanes entre los que se encontra­ba D. Pedro Bazán, hijo del Marqués de Santa Cruz, pertenecían al Tercio de Figuer6a y a ellos les cupo la gloria de intervenir en la acción definitiva de la batalla, pues la mayoría pertenecía a la escuadra de reser­va que decidió la suerte final. Los arcabuceros del Tercio de la Armada del Mar Océano fueron los primeros que asaltaron a la galera "Sultana", capitana del almirante turco Alí Pachá,. y los arcabuceros del Tercio Nuevo de la Mar de Nápoles, con su Maestre de Campo al frente, D. Pedro Padilla, a bordo de la capitana del Marqués de Santa Cruz, tras rendir a dos galeras saltaron a la galera "La Real", de D. Juan de Austria, y pasaron a la galera "Sultana" para acabar con la resistencia de la capitana enemiga. Don Lope de Figueroa sería premiado con una comisión excepcional, la de llevar la nueva y detalles de la batalla a Felipe Il.

             Con posterioridad el Tercio de Armada embarcaría para la cam­paña de las Islas Azores, que emprendiera Felipe Il para hacer valer sus derechos a la corona de Portugal y para evitar que estas islas se pasaran a la obediencia del Prior de Rato, pretendiente también a la corona por­tuguesa.

  En una primera expedición una escuadra española mandada por Bazán bate a una. francesa (aliadas del Prior) en aguas de estas islas en 1581. Participa el Tercio de Armada con 3.600 hombres. Derrotada la flota enemiga, se regresa a Cádiz, no sin antes desembarcar a los 2.600 hombres del tercio de D. Agustín Íñiguez de Zárate en la isla de San Miguel para evitar hostigamiento s de los 3.000 ó 4.000 defenso­res rebeldes de la isla de la Tercera, que sigue obediente al desafecto por­tugués.

  Felipe Il decide tomarla y en 1583 organiza una expedición que, conducida por Bazán, cuenta con una fuerza de desembarco, al mando de D. Lope de Figueroa, Maestre de Campo del Tercio de Armada, para el asalto de la isla.

             La materialización del desembarco es un brillante ejemplo de lo que hoy llamaríamos guerra de maniobra. El enemigo guarnece en fuer­za las probables playas de desembarco y cuenta con fuerte reserva. Después de efectuar un concienzudo reconocimiento, el Jefe de la Fuerza, D. Lope de Figueroa, descubre una playa poco idónea para un desembarco, pero en el cual éste no sería imposible.

  Al efecto de desviar la atención del defensor (que sigue atenta­mente por tierra todos los movimientos de la flota española) se efectúa una demostración, apoyado con fuego de cañón de las galeras, sobre una de las playas que, aparentemente, eran de las más idóneas para el desembarco. Engañado, el enemigo orienta sus fuerzas para hacer fuer­te a esta amenaza al tiempo que rápidamente el Tercio de Armada, seguido de los demás, desembarca en dos oleadas ("barcadas") en la playa inicialmente juzgada como menos idónea. Una vez en tierra, eliminada la débil resistencia inicial y constituida la adecuada potencia de comba­te, la fuerza de desembarco busca y cierra sobre el grueso del enemigo, venciéndolo.

  La campaña de la Tercera en 1583 fue, quizás, la más brillante de toda la historia de la Infantería de Marina Española.

  Unidades del Tercio de Armada, embarcadas en la escuadra de D. Fadrique de Toledo,la del Mar Océano, y junto con la infantería de las del Estrecho, de Vizcaya, de las Cuatro Villas, de Nápoles y de Portugal, intervendrían también en la conquista de San Salvador de Bahía, ocupada por los holandeses, tomando la ciudad e130 de abril de 1625, tras haber saltado a tierra con cuatro días de ración en los sacos y haber tomado las oportunas posiciones, adelantando las trincheras hasta el foso.

             En una segunda expedición, en 1638, se obtuvo una victoria que obligó a los holandeses a una evacuación definitiva de la zona.

  2.l.e.Miguel de Cervantes, Infante de Marina

               La vida militar de Miguel de Cervantes transcurre entre 1569 y 1584. Tanto esta circunstancia como la de haberse hallado en la jorna­da de Lepanto de 1571 y en otras acciones de mar y tierra son innega­bles e innegadas; sin embargo, lo que es punto de discusión es si puede o no considerarse Infante de Marina. La unidad en la que sienta plaza, como soldado aventajado, a los 22 años, es la compañía de Diego de Urbina, una de las diez de las que se componía el tercio del Maestre de Campo D. Miguel de Moncada. Se trataba de una compañía de infan­tería española reclutada en el interior de Castilla, pero su destino esta­ba muy claro y constituía el mayor aliciente para los reclutas: combatir al turco por mar en los prolegómenos de la Santa Liga.

             Embarcado con su unidad, su primera campaña fue probable­mente el socorro de Chipre, en el que las galeras españolas de Juan Andrea Doria, las del papado y las de Venecia, bajo el mando conjunto de Marco Antonio Colonna, no pudieron impedir la pérdida de la isla.

  Formada de nuevo la Santa Liga, Cervantes embarca otra vez en Nápoles con su capitán y parte de su compañía en la galera "Marquesa". Conocida fue su valiente actuación en el mayor combate naval del siglo. Enfermo de calenturas, su capitán ordenó su baja y que fuese retirado bajo cubierta por no encontrarse en condiciones de pelear, pero su ale­gato fue contundente: "...más quería morir peleando por Dios y por su rey, que su salud", pidiendo que "le pusiese en la parte y lugar que fuese más peligroso, y allí estaría y moriría peleando". En efecto, se le dio un puesto de gran responsabilidad, la defensa del esquife, clave de la propia galera, donde lucha heroicamente al mando de doce soldados, ya que su condición de aventajado le cualificaba para ello.

  En el transcurso de la batalla en la que, según atestiguan multi­tud de informes, se comportó con gran bizarría, recibió dos arcabuza­zos en el pecho y otro en la mano izquierda, de la que resultó inútil.

  Si la actividad militar de este genio literario en ciernes hubiese terminado en 1571, cabría afirmar todo lo más que Cervantes fue sol­dado de Mar en una unidad embarcada, convirtiéndose en válida la frase de Alcalá Galiana de que: "Al Ejército español cabe la suerte de que varón tan insigne militase en sus filas como soldado de sus valerosos Tercios; ya la Marina de nuestra Patria la no menor de que su nombre se halle asociado al combate más glorioso y trascendente de sus fastos navales". Pero está documentalmente probado, como veremos, que si bien es cierto que antes fue soldado de infantería embarcado para una jornada naval, más tarde se convirtió en verdadero Infante de Marina al pasar a una unidad al servicio permanente de la Armada y que por esta circunstancia acabaría denominándose Tercio de Armada.

  Después de Lepanto, malherido, fue trasladado a aquel célebre hospital de Messina donde pudo gozar del sobresueldo de tres escudos del que le hizo merced D. Juan de Austria por sus méritos y donde per­maneció convaleciente hasta 1572.

A partir del 29 de abril de ese año Miguel de Cervantes pasa a ser Infante de Marina al sentar plaza en la compañía de D. Manuel Ponce de León, del Tercio de D. Lope de Figueroa. A partir de este momento seguirá todas sus vicisitudes marítimas, porque no se trata de una uni­dad embarcada para una ocasión concreta, sino de la unidad de guarni­ción de las galeras.

  Por una relación de 16 de julio de 1572 se sabe que el Tercio de D. Lope, con un total de 2.259 plazas, estaba embarcado en 12 de las 16 galeras del cargo de D. Álvaro de Bazán. Cervantes, por lo tanto, tuvo que haber servido a bordo de una de estas naves.

  Cervantes quiso ser soldado de Marina una y otra vez, y aunque otras posibilidades tuvo y tendría de militar en otras campañas terrestres, fueron las navales sus preferidas.

  El 7 de octubre de 1572 tomó parte en el indeciso combate de Navarino y de ahí pasó, con su tercio, a las duras jornadas de Túnez y La Goleta, salvándose de la reconquista turca que hizo perecer a la heroica guarnición de sus com­pañeros de armas, al volver con el grueso del ter­cio de D. Lope de Figueroa a Italia, donde per­maneció hasta 1575, estando de guarnición en Cerdeña y navegando a Génova y La Spezia y participando en el socorro de La Goleta de 1574 que el mal tiempo hizo fracasar.

  Cuando se dirigía con licencia a España, a representar en la Corte una solicitud para el mando de una compañía, avalada por los informes de su Maestre de Campo y delpropio Virrey de Nápoles, Duque de Sessa, es apresado junto a su hermano Rodriga, soldado como él en la galera "Sol", por los argelinos.

            Hasta 1580 permanecería cautivo en Argel, resultando infruc­tuosas sus valerosas e ingeniosísimas intentonas de fuga.

  Tras una comisión de servicio llevada a cabo en Orán, Cervantes interviene en la campaña de Portugal y en la batalla naval de la isla de San Miguel, siendo ésta la última de sus actividades militares, cam­biando a partir de entonces la espada del soldado por la pluma del escri­tor y del funcionario, aunque su carácter belicoso nunca le permitiría el uso de la primera.

Los diferentes destinos y acciones de Miguel de Cervantes en el Tercio de D. Lope están suficientemente probados.

  Si el Tercio de D. Lope de Figueroa, el Tercio de la Armada, fue un tercio naval permanente y a él perteneció Miguel de Cervantes Saavedra, como con toda probabilidad también su hermano, sólo quien no se resiste a ver y creer puede negar que fue Infante de Marina y que una de las mayores glorias del Cuerpo es la de poder contar entre sus veteranos con el hombre más notable de las letras españolas

  2.1.f. El significado de la creación de los Tercios de Armada

           Con la disposición de Felipe n la situación había cambiado por completo, ya que a cada escuadra de galeras se le asignó un Tercio de Galeras, así que cada galera no tenía ya su propia infantería, sino que ésta le era asignada, con lo cual se podía dosificar su entidad según la misión asignada a la escuadra, pero lo más importante no era esto, sino que las guarniciones podían desembarcar en un momento dado e inte­grarse en unidades tácticas, puesto que poseían el adiestramiento y los cuadros de mando para ello.

  Pero es más, para en un momento dado poder aplicar en fuerza el poder naval sobre las costas del Mediterráneo o del Atlántico, es decir, para cuando se juntaba la Armada, se creó el Tercio de Armada, capaz durante la navegación de reforzar las guarniciones de los Tercios de Galeras con Infantería de Armada, como se la denominaba entonces, y llegado el momento, desembarcar como una unidad táctica completa perfectamente adiestrada. Es decir, que, a partir de Felipe n, España contaba con una herramienta que podía pasearse por todo el Mediterráneo y aplicar en cualquier momento y punto de la costa las tácticas derivadas del genio del Gran Capitán.

           Esta herramienta, la capacidad anfibia, está ya plenamente desa­rrollada a finales del siglo XVI, como lo demuestra el desembarco en Azores en 1583, en el que se puede apreciar la planificación y las mis­mas fases de la doctrina moderna, con utilización de cinchas y   atalajes especiales para los caballos en la de embarque, y el empleo de lanchas planas en oleadas sucesivas con formación de cabeza de playa fortifica­das por unos elementos constituidos mayoritariamente por arcabuceros e ingenieros, a los que sigue el grueso que forma escuadrón rápidamen­te para las ulteriores operaciones en tierra.

  En cuanto al origen y antigüedad de los Tercios, dice el General Rivas Fabal que: "...en tiempos de Carlos v, cuando se precisaban sol­ dados para ciertas empresas arriesgadas en la mar, se utilizaban los de tierra y se les habituaba a vivir y luchar en el nuevo medio, es decir, se hacía lo que siglos después se llamó marinear al soldado. Tal es el ori­gen de la Infantería de Marina". Tal vez sea esto lo que ha podido llevar a pensar a algunos que el origen de los Tercios de Infantería de Marina o de Armada fueron Tercios del "Ejército".

            Sin embargo, siguiendo la opinión del General Aláez Rodríguez, no puede establecerse tal nexo de unión. Cuando nacieron los Tercios de Infantería de Armada no había una distinción nítida entre unidades terrestres y navales, desde el punto de vista orgánico, para emplearlas.

  Los Tercios eran fuerzas reclutadas y organizadas por Maestres de Campo que tenían autorización del Rey para hacerla y que eran soste­nidos "a veces" por la Corona. Tanto es así que la mayoría de los Tercios Viejos, los primeros creados, se conocían por lo_ nombres a sus jefes.

  La Armada se llamaba Real Armada porque el armador de los buques era el Rey, es decir, estaban construidos y equipados por el Rey y, a veces, sólo para determinadas acciones navales.

  D. Alvaro de Bazán, el más grande de nuestros marinos, en 1565 mandaba la escuadra de galeras de la "guarda del Estrecho" que era mantenida y sostenida por los comerciantes de Sevilla. Cuando esa escuadra fue llamada para acudir en socorro de Malta su mantenimien­to corrió a cargo del Rey.

  Felipe II se servía de una "Secretaría del Despacho Universal" que no distinguía entre Ejércitos de Tierra y Mar.

  Pero es más, los Tercios de Infantería que se vincularon a la Real Armada se crearon expresamente para ella y desde el primer momento su denominación fue naval (del Mar de Nápoles y del Mar Océano) y sus escudos y banderas llevaban dos anclas cruzadas (escudo de la Infantería de Marina hasta 1931). Fue en 1717 cuando se crearon el Ejército de Tierra y la Armada tal como hoy los concebimos y cuando parte de dichos Tercios pasaron al Ejército y la Armada se quedó con sólo aquella parte que se consideraba necesaria para el nuevo concepto de guarnición de buque que las escuadras creían necesitar.