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CAPITULO
V
5.1.
DISOLUCIÓN DEL CUERPO
Comó
colofón negativo a la larga agonía que venía sufriendo el Cuerpo
desde el fin de la Guerra de Cuba. y Filipinas, la República lo
declararía a extinguir. El Decreto de la Segunda República de 10 de
.julio de 1931, por el que se daba. a la Armada una llueva organización,
en su capítulo XIII, artículo 5º,declaraba a extinguir el Cuerpo, con
la plantilla que se fijase, disponiendo que "los servicios
encomendados a este Cuerpo se cubrirán por marinería seleccionada a su
ingreso en el servicio, al mando de oficiales del Cuerpo General,
que tendrán en _estos destino la. mayor estabilidad posible. Estos
servicios se continuarán en su forma actual en tanto se proceda. a su
sustituci6n" .Para la aplicación de este decreto se daban
facilidades para que el personal del Cuerpo solicitara su retiro,
amortizando las vacantes que se produjeran, y obligando a los que
voluntariamente no lo solicitaran a pasara la situación de disponible
forzoso, quedando una plantilla muy escasa.
La Segunda República había
declarado el Cuerpo a extinguir porque había agotado sus
posibilidades, argumentándose razonablemente que: "Si sólo sirve
para montar guardias en arsenales y buques, no sólo no nos hacía falta
un Cuerpo Especial, sino que resultaba extremadamente gravoso al
Erario".
5.2. GUERRA CIVIL Y
REORGANIZACIÓN DEL ALMIRANTE MORENO
Nuestra
guerra civil, si bien por una parte volvía a emplear las unidades en
misiones generales y poco específicas, por otra parte dio al Cuerpo un
espíritu ofensivo que había olvidado, contrario incluso por naturaleza
a la misión defensiva legalmente establecida.
El 18 de julio de 1936 las fuerzas
del Cuerpo quedaron divididas. Del lado del Alzamiento quedó el batallón
de Cádiz y el grupo de Ferrol; por la República quedaron el grupo de
Cartagena y la Compañía de Ordenanzas de Madrid. El batallón de
Ferrol obtendría sendas medallas militares colectivas ganadas en los
frentes de Asturias y Teruel y en el intento de desembarco en Cartagena
de marzo de 1939, embarcado en el "Castillo de Peñafiel".
Este batallón combatió bajo el mando del Comandante D. Vicente de Juan
Gómez, encuadrado en la División 85 del Cuerpo de Ejército de
Galicia, distinguiéndose notablemente en la Muela de Sarrión (Teruel)
, donde resistió, después de sufrir una intensa preparación
artillera el 18 de septiembre, cuatro días de ataques y asaltos
continuos de tres divisiones del bando republicano, empeñadas en
reconquistar esta posición clave del frente de Teruel sin conseguirlo.
El éxito de la defensa fue debido
a la continua excavación de trincheras que luego no eran ocupadas.
Las compañías del Batallón esperaban el ataque enemigo sobre
objetivos desocupados para realizar fuertes contraataques que rechazaron
una y otra vez al enemigo. En el bando republicano el grupo de Cartagena
actúa en el frente y la compañía de
Madrid es destinada principalmente a la protección antiaérea y
otros servicios del Ministerio.
Entre
las fuerzas embarcadas en el crucero "Baleares" merece señalarse
la heroica acción del soldado Manuel Lois García. Los hechos
ocurrieron el 7 de septiembre de 1937 a bordo del citado crucero, que
había atacado, en aguas de Mediterráneo, a un convoy que navegaba
fuertemente escoltado por dos cruceros y ocho destructores. Durante el
combate, un proyectil alcanzó al "Baleares" en una chimenea
y un cascote impactó en un pañol de urgencia, con proyectiles
iluminantes, de la artillería antiaérea de 12 cm. Debajo de estos
iluminantes se encontraban otros de alto explosivo. Cae herido el
comandante de la batería, quien ve cómo se hincha una caja de
urgencia, lo que le hace suponer con fundamento que están ardiendo
los iluminantes, y grita: "Un voluntario para abrir esa caja".
Se acerca el soldado Lois, telefonista del cañón 4, y, con frío valor
y serenidad, echa mano a los cierres de la caja logrando abrir su tapa.
Inmediatamente recibe en todo su cuerpo las llamas procedentes del
interior de la caja, quedando totalmente envuelto en llamas, de las
que tratan de librarle sus compañeros quitándole la ropa, pero el
bravo infante sigue ardiendo y con sus manos coge una de aquellas
cargas al rojo vivo. Sus músculos carbonizados se niegan a obedecer a
su voluntad, cae al suelo, empujando el artefacto con su pecho hasta que
logra arrojarlo al mar.
Pocas
horas después este valiente expiraba en la enfermería del buque. Por
este hecho de excepcional valor el soldado de Infantería de Marina D.
Manuel Lois García es condecorado a título póstumo con la Cruz
Laureada de San Fernando y la Medalla N aval.
La actuación del Cuerpo en este
conflicto demostraría su gran capacidad oculta, mereciendo desde los
primeros momentos la calurosa felicitación del mando, reflejada en un
radiograma personal del general Franco en los siguientes términos:
"Enterado brillantísimo comportamiento de las fuerzas de
Infantería de Marina en los combates sostenidos en los Arsenales de
Ferrol y La Carraca, le envío... el entusiasta saludo de este Ejército,
que ve con alegría cómo prosigue la gloriosa tra dición de tan
brillante Cuerpo, que una vez más ha demostrado su eficacia y su razón
de ser...". En este mismo documento parecían recogerse las más
íntimas aspiraciones de la Infantería de Marina al añadirse como
colofón, "cuyo porvenir ha de encontrar en nosotros los más
ardientes defensores".
Por
Orden de 30 de septiembre de 1937 ("BOE" 96) se deroga por la
Junta de Defensa Nacional el decreto de extinción del Cuerpo, pendiente
de una nueva reestructuración.
El 17 de octubre de 1940 se
produce la última de las grandes reformas de cuño antiguo, la del
ministro D. Salvador Moreno, que en su justificación de motivos señalaba
que la Infantería de Marina se encontraba en el momento actual con una
gloriosa historia, pero sin misión definida y con conceptos orgánicos
que no corresponden a la realidad presente.
A la cabeza del Cuerpo aparace un
inspector general, general de división, dependiente del Jefe del Estado
Mayor de la Armada, con el órgano asesor de la Inspección articulado
en dos secciones, de organización la una y de instrucción la otra.
La reforma era necesaria, ya que,
una vez más y por razones similares a las que en otras ocasiones históricas
habían justificado medidas parejas, las fuerzas de Infantería de
Marina se habían integrado en su mayor parte en los cuerpos de
operaciones del Ejército, postergando sus misiones privativas.
Por ello, se vuelven a señalar éstas,
adaptadas levemente a la nueva táctica y al empleo en el mar de los
nuevos armamentos, pero sin alusión alguna a la nueva táctica anfibia
que ya era dominada por los norteamericanos.
El artículo primero del decreto
de la citada fecha establece las siguientes misiones "en el
conjunto del servicio de la Armada": "dar con su irreprochable
presentación una tónica militar destacada en buques y dependencias,
proporcionar la guarnición de arsenales y centros situados en tierra,
manejar las ametralladoras pesadas y ligeras de la defensa antiaérea de
buques y bases navales y proporcionar la defensa pasiva de las bases
contra bombardeos aéreos".
La reforma suponía en realidad un
vaciado de contenido justificativo del Cuerpo, reducido a la mera
guarnición, a la que se añaden, conscientes tal vez sus autores de la
poca consistencia de sus misiones, unas
casi anecdót:icas atribuciones en el manejo de determinado material
semipesado como si de una misión específica se tratara.
Con
tal motivo, sin embargo, la fuerza se organiza en cinco tercios,
Tercio del Norte (Ferrol) , del Sur (San Fernando), de Levante
(Cartagena) , de Baleares (Palma de Mallorca, disuelto en 1962) y de
Canarias (Las Palmas de Gran Canaria). Los tres primeros bajo el mando
operativo de los comandantes generales de los departamentos marítimos, y
los segundos a las órdenes de los comandantes de las bases navales.
Para la guarnición del Ministerio se forma un batallón en Madrid.
El exitoso desembarco
norteamericano en Guadalcanal abriría un nuevo horizonte para la
Infantería de Marina. Durante los años 1952 y 1953 la Infantería
de Marina va tomando conciencia de su vocación de fuerza especial
relacionada con el mar, su punto de partida, y con las unidades a
flote que no son meros objetivos a guarnecer, sino también sus medios
de transporte para el desplazamiento hacia otros destinos en los que
cumplir otras clases de misiones. Surgen así la Unidad de Zapadores
Anfibios en el Tercio de Baleares y la Unidad de Escaladores
Anfibios, antecesora de la Unidad de Operaciones Especiales (UOE), en el
Tercio Norte.
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