LA BATALLA DE LOS CASTILLEJOS

La batalla de los Castillejos

Miguel del Rey

Primer día de enero de l860. Desde hace tres meses las tropas españolas combaten nuevamente en tierra africanas.Un mínimo Incidente en las fronteras con Marruecos y el afan expansionista del gobierno del general O´Donell ha puesto al otro lado del estrecho al Ejército expedicionario más completo que España ha enviado fuera de sus fronteras en 200 años.

 

El general O'Donell, líder del partido la Unión Liberal se hizo cargo del poder el 30 de junio de 1858, comenzando un gobierno de cuatro años y ocho meses, el más largo del reinado de Isabel II que se extendería hasta 1863, con una política muy controvertida y en un ambiente enrarecido por los continuos golpes de Estado que se habían producido hasta el momento en la lucha por el poder político: la alteración de la ley electoral de 1846; la influencia de los agentes del gobierno en las elecciones; el proceso seguido en febrero de 1859 contra Esteban Collantes por irregularidades administrativas, fraude y estafa, cuando era ministro en 1854, del que salió absuelto pero que promovió un grandísimo escándalo y salpicó a las más altas instancias del Estado, y el temor a que el partido Carlista, que nunca se había visto totalmente derrotado, diese de nuevo pie a otro enfrentamiento, mantenían al gobierno presionado.

En buena parte para mantener la tranquilidad interior, darle estabilidad a la Corona e incluso evitar alguna intentona republicana como la del verano de 1859, 0'Donell recurrió con frecuencia a las aventuras en ultramar, siempre dentro de los límites de la Constitución, en lo que se han llamado las "expediciones militares".Buscaba con esto unir a toda la sociedad española en una causa externa, al tiempo que se sumaba a las potencias europeas: Francia, Gran Bretaña o Alemania, lanzadas a una política colonial. La expedición a Cochinchina, Méjico, Guinea, Santo Domingo o a las islas del Pacífico son buena muestra de la actividad que desarrolló para ampliar los horizontes y desviar los problemas de la nación. En este escenario la roes positiva de todas, si podemos llamar así, fue la guerra de rica. Era la guerra romántica por excelencia para una opinión publica necesitada de recuperar las glorias pasadas de España y olvidar así sus penurias diarias las tierras lejanas, el exótico enemigo. Las crónicas periodísticas de los corresponsales en el campo de batalla colocaban a los lectores en primera línea: avanzaban con la infantería española por el valle de Tetuán, cargaban con los Húsares de la Princesa en los Castillejos, o se lanzaban con Prim a pecho descubierto contra las filas enemigas... Estampas de una de las pocas veces en el siglo xix en que se luchaba fuera de tierras españolas y además se vencía; una de las pocas guerras que no eran entre hermanos.

Para el gobierno también era positiva, se aliviaba la presión sobre el partido, se conseguía prestigio exterior y se desviaban los problemas de la nación.

Más de siglo y medio después las cosas tampoco son muy distintas.

HACIA TETUAN

Al amanecer del 1 de enero, tras tres meses de preparativos en los alrededores de Ceuta y en los que no han faltado los combates, el Ejército Expedicionario, a excepción de su Primer Cuerpo que se queda atrincherado en Ceuta para la defensa de la ciudad, se pone en marcha al fin tras haber preparado un camino que le lleve a Tetuán y haber recibido los hombres y pertrechos necesarios.

Avanza faldeando la sierra por la playa, observado por el Ejército marroquí que acompaña en paralelo su movimiento desde las alturas que dominan el camino por el valle del río Castillejos, resguardados tras las rocas y matorrales que coronan las cimas.

En vanguardia va la División de Reserva al mando del general Prim, con la primera batería de la Artillería de Montaña y la del quinto Regimiento, acompañados por los dos escuadrones, el primero y el cuarto, de los Húsares de la Princesa. Detrás, 0'Donell con el Cuartel General, el Estado Mayor y el grueso del Ejército: el segundo cuerpo, a excepción de la Segunda Brigada de la Primera División que se encuentra a retaguardia, con la otra compañía de Artillería.

Al mismo tiempo, zarpa desde Ceuta en una acción conjunta para acompañarles desde el mar, darles cobertura y servirles de base móvil una parte de la flota, formada por los vapores Piles y Panhope, en el que embarca el jefe de la flotilla, capitán de fragata don Miguel Lobo, la goleta de hélices Ceres, el falucho Veloz y cuatro cañoneras. La vanguardia, después de rebasar el campamento del tercer cuerpo, avanza en un primer ataque sobre la sierra. Prim destaca al Batallón del Príncipe y a los Cazadores de Vergara para esta operación, que apoyados por el cañoneo de la escuadra alcanzan sus objetivos con muy pocas bajas. Al mismo tiempo, más al sur, las compañías del batallón de Cuenca logran apoderarse también de las alturas desde las que el enemigo mantenía un fuerte fuego de fusilería que estaba resultando muy eficaz para detener el avance de las tropas españolas.

Mientras en el valle se va congregando el enemigo en las inmediaciones de la casa del Morabito, por lo que se ordena tomar la posición. Allí se dirigen los batallones de Príncipe y Vergara con los de Luchana en retaguardia apoyados por los disparos de la Artillería de Montaña; mientras que los del Regimiento de Cuenca bordean por la cañada a la derecha y la reserva se constituye por dos batallones de Artillería y dos de Ingenieros de la segunda brigada de la División de Reserva.

La escuadra por su parte continúa con su fuego de cobertura y bombardea ahora al enemigo en el valle y en la casa del Morabito. Príncipe y Vergara se lanzan al asalto y apoyados por las guarniciones de Infantería de Marina y la marinería de los buques, con el capitán de fragata Lobo a la cabeza, toman el Morabito replegándose después a una zona boscosa inmediata. En el valle se acumula el enemigo. Rehecho después de su retirada frente a la vanguardia española, se le ha sumado su caballería que» protegida por un gran número de infantes, acaba de llegar a la llanura en la que ya se encontraban los Húsares de la Princesa. Prim les ordena cargar, y ellos se lanzan en una impetuosa galopada descolgándose de la protección de la infantería propia y llegando hasta el campamento marroquí, protegido entre riscos, fosos y pequeñas fortificaciones; allí en una épica lucha cuerpo a cuerpo el cabo Pedro Mur conquistó una bandera y los húsares la gloria, pero también se perdió una sección entera bajo el denso fuego enemigo y en los fosos en los que quedaban aprisionados los caballos. Al ver la difícil situación en la que se encontraban los jinetes, acudieron en su ayuda los batallones de Vergara y Luchana y una vez reunidos los escuadrones se retiraron del campo logrando recoger a todos sus muertos y heridos y situándose en la cañada que desemboca en la llanura donde ya mantuvieron sus posiciones hasta el final del combate. Durante la carga de los húsares el resto del Ejército no había estado inactivo, la Marina se retira hacia sus buques y ocupa la casa de la Condesa con un retén de treinta hombres, hasta que avanzara el Ejército y los relevase en sus posiciones y los batallones de Príncipe, Cuenca y Vergara, más dos de Artillería a pie, dos de Córdoba y dos de Ingenieros en reserva, mandados con Prim a la cabeza hacen retroceder al enemigo de todas las posiciones altas que ocupan y permiten a los ingenieros, protegidos por los Cazadores de Vergara empezar las fortificaciones para el campamento de reserva.

Las alturas son ahora ocupadas por los Regimientos del Príncipe y Cuenca que defenderían durante toda la jornada sus posiciones repeliendo todos los ataques que intentaron los marroquíes para recuperarlas.

0'Donell, ya situado en el Morabito reconoce el campo y ordena que el general García ataque desde el valle con siete batallones del Segundo Cuerpo y que Prim aguante mientras en las posiciones avanzadas que había ocupado, pero la inaccesibilidad del terreno y la posición ventajosa del enemigo impide el ataque.

Los marroquíes dispuestos a toda costa a reconquistar sus primitivas posiciones avanzan reforzados en gran número sobre las posiciones de Prim, que a su vez refuerza las primeras líneas con el Quinto Regimiento de Artillería a pie y se mantiene firme sin perder un solo palmo de terreno bajo el denso fuego enemigo, y a pesar del gran número de bajas que acumula, el batallón de Córdoba releva al de Príncipe en las posiciones avanzadas, produciéndose un pequeño titubeo en las posiciones, que soluciona Prim arengando al batallón de Córdoba en el famoso momento de la "Loma de las Mochilas" donde habían dejado los soldados sus pertrechos para acudir más ligeros al combate y diciéndoles: "Soldados podéis abandonar esas mochilas  porque son vuestras pero no podéis abandonar esta bandera, que es de la Patria. ¿Permitiréis que el estandarte de España caiga en poder de los moros? ¿Dejareis morir solo a vuestro general? "Y enarbolando la bandera se lanza a las posiciones del enemigo arrastrando en su acción a sus soldados que ocupan definitivamente la posición y rechazan por tercera vez al enemigo.

Las tropas de Prim, preparadas para recibir un nuevo ataque reciben por fin el apoyo de refuerzos al mando del general Zabala, que ver su apurada situación salió a su encuentro por la derecha con los batallones de Saboya y León y los Cazadores de Arapiles y Simancas.

El propio 0'Donell acude personalmente en su ayuda con el Regimiento de la Princesa mientras que el general García atacaba el

flanco izquierdo con el primer batallón de Navarra y el de Cazadores de Chiclana; pero cuando llegaron a la posición de Prim ya el enemigo se retiraba derrotado aunque no cesó de hacer fuego hasta el anochecer.

A las cuatro de la tarde terminó la batalla siendo relevadas en sus posiciones conquistadas los batallones de Reserva que habían combatido sin descanso desde el amanecer por la Primera División del Segundo Cuerpo y acampando en las posiciones ocupadas.

Las bajas fueron de unos 2.000 hombres en el ejército de Muley-el-Abbas y de 20 oficiales muertos, 68 heridos, 63 soldados muertos y 418 heridos por parte española.

El general Zabala tras diez horas a caballo sin separarse de sus hombres sufrió una parálisis al desmontar; tuvo que entregar el mando de su Cuerpo de Ejército al general Orozco y dos días después fue trasladado a Ceuta.

0'Donell continuaba su avance tras su primera gran victoria en campo abierto sobre tierras africanas. •