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EVOLUCIONANDO DESDE 1537 ...1948

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Muchas
han sido las vicisitudes y situaciones sufridas por el Cuerpo de
Infantería de Marina a lo largo de su dilatada historia. Si
buceamos entre sus diversas épocas, claramente definidas,
podemos afirmar, aun a riesgo de equivocarnos, que su época
actual tiene sus inicios después de la promulgación del
Decreto de Reorganización de la Armada del 10 de julio de 1931,
ratificado con fuerza de Ley en el mes de noviembre de dicho año
y donde se declaraba a extinguir su cuerpo de oficiales.
Gracias a
la actuación de las Unidades entre los años de 1936 y 1938, y
llegado este año, se deroga dicha disolución y comienza en
esta fecha un nuevo resurgimiento de la Infantería de Marina,
creándose un Regimiento en cada Departamento y otro en
Baleares.
Las ideas
del entonces Ministro de Marina D. Salvador Moreno Fernández
sobre el papel a desempeñar por el Cuerpo de Infantería de
Marina abre nuevas iniciativas. Este camino abierto, lleno de
retos y esperanzas, hace renacer en sus componentes ilusiones,
que apoyándose en los hechos recientes de aquella época –II
G.M.- y los éxitos alcanzados por los comandos y las fuerzas
anfibias angloamericanas, ponen en marcha el mecanismo y crea la
necesidad de recuperar el terreno perdido.
La pequeña
bola de nieve comienza su andadura y va engordando de manera
vertiginosa; aparecen "focos" inconexos que demuestran
que lo anfibio empieza a tomar forma compacta. Así, en la
Escuela Naval Militar aparece una nueva asignatura:
"Operaciones Anfibias"; en la Escuela de Guerra Naval
se imparten cursos de Guerra Anfibia y en la Escuela de Aplicación
se investiga y se analizan las enseñanzas en ejercicios y
maniobras que con los escasos medios disponibles se llevan a
cabo.
Recuperamos
y transcribimos a continuación el Acta de la Junta celebrada en
el mes de diciembre de 1948 para informar en el expediente sobre
"Enseñanzas deducidas del desembarco en Alcudia".
""Acta
de la Junta celebrada para informar en el expediente sobre
"Enseñanzas deducidas del desembarco en Alcudia".
En San
Fernando durante los días 19, 20 y 21 del mes de diciembre de
1948 se reunieron bajo la Presidencia del Teniente Coronel
Director Accidental, los Sres. Jefes y Oficiales que al margen
se relacionan.
Presidente:
Tte. Coronel Subdirector D. Francisco M. de Galinsoga.
Vocales:
Tte. Coronel D. Ricardo Pita y de Ponte. Comandantes D. Antonio
Martín Giorla, D. Fernando Viguera Martín, D. Miguel Yáguez
de Sobrino, D. Juan Galán Cano. Capitán D. Narciso carreras
Matas.
Vocal
Secretario: D. José
Pérez Trigán.
Abierta la
sesión por el Sr. Presidente se dio lectura al escrito
presentado por la ponencia compuesta por los Comandantes de
Infantería de Marina D. Fernando Viguera Martín y D. Miguel Yáguez
de Sobrino y por el Capitán del mismo Cuerpo D. Narciso
Carreras Matas, nombrada por el Director de la Escuela de
Aplicación el día 6 de diciembre de 1948.
Después de
detenido estudio la Junta acordó por unanimidad emitir el
siguiente informe:
Los
ejercicios de desembarco de diciembre de 1946 realizados en
Ferrol, Cádiz, Cartagena y Baleares han sido estudiados, en sus
expedientes, por esta Escuela, que como consecuencia de dichos
estudios elevó un informe a V.E. en 21 de mayo de 1948.
En dicho
informe se mostraba la opinión de la Escuela, además de sobre
otras cuestiones, sobre las siguientes:
1º) Misión
de la Infantería de Marina;
2º) Su
organización en función de aquella;
3º)
Material (armamento y embarcaciones de desembarco incluidas);
4º)
Instrucción y reclutamiento.
Estos
puntos son tratados de nuevo en el expediente que estudia,
aunque en este se tocan además los temas siguientes:
5º)
Defensa de playas;
6º)
Utilización de los efectivos de Marina sobrante en la
movilización;
7º)
Situación actual de Tercios sobre personal, material y
acuartelamiento;
8º)
Aspectos, que podemos llamar administrativos, a considerar
previamente a toda ampliación o reforma de la Infantería de
Marina.
Los temas 5º,
6º, 7º y 8º, cree esta Escuela que rebasan sus posibilidades
de enjuiciamiento y se abstiene desde luego de considerarlos,
excepto aquellas conclusiones de la Ponencia sobre "Defensa
de Playas" que alcanzan a señalar para la Infantería de
Marina: misión, organización o dotación de material, en unos
casos de acuerdo y en otros no, con nuestras propias
conclusiones.
Debemos señalar,
además, que en las cuestiones relativas a nuevas unidades
especiales de Infantería de Marina, la Escuela ha señalado su
criterio, en su informe de 27 de noviembre de 1948, sobre las
unidades de asalto de la Infantería de Marina.
Consideramos
a continuación, por separado, cada uno de los puntos concretos
que creemos debemos enjuiciar:
Misión.-
En el expediente que examinamos se hacen las siguientes dos
propuestas:
1ª) Que
los Organismos Centrales explícitamente determinen se amplíen
las misiones hoy reconocidas a la Infantería de Marina por la
Ley de 17 de noviembre de 1940.
2ª)
Que tal ampliación consista en: que la Infantería de Marina
constituirá el elemento de choque en los desembarcos ligeros y
formará la vanguardia de los desembarcos en gran escala con
unidades de asalto y ligeras: que operará en la realización de
la organización defensiva de la costa y ejecutará con grupos
de especialistas compuesto de zapadores submarinos y zapadores
de playa la limpieza en vanguardia de obstáculos que se opongan
a los desembarcos.
Estando
esta Escuela de acuerdo con una ampliación de la misión del
Cuerpo, discute sobre que la Infantería de Marina tenga las que
se señalan en el expediente que examinamos.
Sería ir
contra la esencia misma del mando el imponerle qué unidad o qué
unidades hayan de formar parte de cada uno de los escalones en
que hayan de desplegar sus fuerzas para el combate, como expresó
la Escuela en su escrito de fecha 21 de mayo de 1948.
No creemos,
además, que la Marina deba preocuparse de preparar unidades
para servir a otros Ejércitos quedando estos facultados para
aceptar o rechazar su colaboración y, no sólo porque su
eficacia tendrá la piedra de toque de saber servirse a sí
misma y no está sobrada de medios para ellos, sino también
porque se traduciría en pura pérdida del poder militar
nacional que al final no fuera utilizada su colaboración. Así,
nosotros creemos que la reforma de la misión del Cuerpo
consistiría en ampliar las que tiene asignadas con otra que
pudiera definirse como: "Cumplimiento de las misiones de
combate en tierra que la Marina estimase conveniente llevar a
cabo en provecho propio". Naturalmente, el Mando Supremo
puede siempre ordenar a la Marina que ciertas misiones las efectúe
para cumplimiento de sus propios propósitos y entonces habría
una cooperación de la Marina a los otros Ejércitos en la que
ésta podría utilizar a su Infantería de Marina, si las tales
misiones entrañaban la realización de combates en tierra.
Concepciones como la de existencia de unidades anfibias
dependientes del Mando Supremo, como se describe en la Ponencia
sobre "Defensas de Playas", las creemos confusas y
rebasan la esfera de nuestro enjuiciamiento.
¿Qué
misiones de combate en tierra puede estimar la Marina
conveniente llevar a cabo en su beneficio?
En el
escrito de la Escuela de 21 de mayo de 1948 se señalaban como
posibles las siguientes:
- Destruir
estaciones o instalaciones de radio y de radar, depósitos,
almacenes, instalaciones industriales, obras en las vías de
comunicación, baterías, obras de fortificación u otros
objetivos que por su localización u otras circunstancias no
pueden, o no convengan ser destruidas por medio de bombardeos
navales, aéreos o terrestres.
- Informar
al Mando sobre el despliegue y organización defensiva costera
enemiga, o sobre cualquier dato de interés.
- Hostigar
y mantener en constante estado de alarma a las guarniciones
enemigas de la defensa costera.
- Apoyar
otros desembarcos que se efectúen en puntos próximos.
-
Conquistar y mantener en la costa enemiga una cabeza de playa
capaz de proteger y asegurar un desembarco de fuerzas del Ejército,
destinadas a penetrar profundamente en el país enemigo.
-
Proteger el reembarco de fuerzas propias en retirada.
- Organizar
y defender contra los ataques enemigos de fuerzas procedentes
del mar, cualquier sector de la costa que se asignen.
Naturalmente,
el señalamiento legal de tales misiones no deben nunca
constituir un resumen exhaustivo de la utilización de la
Infantería de Marina, una limitación de su posible empleo
dentro de la organización militar nacional ni nada semejante.
Creemos
incluso que las posibilidades de evolución para adaptarse a los
cambios que la guerra con los progresos de su técnica impone en
el transcurso del tiempo quedan restringidos si se hace
determinación explícita de carácter legislativo que encuadre
la totalidad de sus funciones, pues, si se perdura largo tiempo,
pueden transformarse en misiones anacrónicas y quedar como un
arcaísmo inoperante.
El deseo de
evitar esto origina, la historia del Cuerpo lo prueba,
constantes variaciones de las leyes que han servido para
organizar a la Infantería de Marina, lo que llevó a infinitos
cambios en su constitución y misiones. La desmoralización se
apoderaba de sus componentes que, desorientados, llegaron a
fijar su preparación profesional en conocimiento de la técnica
de la Infantería del Ejército de Tierra, que, permaneciendo
casi fija, modificada sólo por la evolución natural que el
progreso y el tiempo le imponía, era realmente asequible,
mientras en ninguna forma lo era una técnica que constantemente
se fijaba objetivos distintos.
La actual
Ley Orgánica de Infantería de Marina es de 1940 y ya, y hace
mucho tiempo, quizás desde que apareció, los esfuerzos de la
Marina respecto a ellas bien con iniciativa del carácter
oficial, que tiene el expediente que examinamos, o bien con
proyectos de carácter privado que igualmente se difunden hasta
los últimos escalones del personal que integra el Cuerpo, se
han dirigido a ampliarla con misiones nuevas, restringirla en
alguna cuya distribución no se estima adecuada, y en mayor
flexibilidad en la Ley constitutiva de la Infantería de Marina
sería beneficiosa moral y materialmente, para que, siempre con
una evolución adecuada, se encontrara al servicio de la Marina
a la altura de lo que la época exija de ella, esta Escuela cree
preferible que en vez de ampliar la Ley hoy vigente señalando
en ella que la Infantería de Marina tendrá además la misión
de "Cumplimiento de las misiones de combate en tierra que
la Marina estimase conveniente llevar a cabo en provecho
propio" se sustituya por otra que defina a la Infantería
de Marina como: "El arma de la Marina que esta emplea a
bordo y en tierra en cumplimiento de sus propios fines, en el
campo general de las misiones sustantivamente expresadas en su
denominación, que serán objeto de desarrollo en Reglamentos y
Directivas de carácter doctrinal, sin otra limitación que la
que se deriva de la organización y medios adecuados y que
dentro de la Marina posee con exclusividad para servir a su
Doctrina de empleo".
Organización.-
En las ponencias del expediente y propuesta final se dice:
Ponencia 1ª.-
"Las misiones de vanguardia en todo desembarco (se refiere
a la Infantería de Marina) se dividen en dos grupos. El
primero, "Fuerza de asalto" de efectivos de Compañía
con 3 secciones: la 1ª sección de zapadores submarinos; la 2ª
y 3ª secciones subdivididas en pelotones de destrucción. El
segundo grupo, formado por el Batallón o Batallones de Infantería
de Marina ligera, con Compañía de fusiles, ametralladores y máquinas
de acompañamiento, así como también carros ligeros de
combate, sin especificación mayor".
Ponencia 2ª.-
"Debe existir un centro organizado de operaciones anfibias,
dependiente del Alto Mando, y en cada Departamento una unidad
anfibia" (cuya organización no especifica) y en otro
lugar, señala la subsistencia de la Infantería de Marina
formando parte de estos grupos de especialistas compuestos por
zapadores submarinos y zapadores de playa.
Propuesta
del Jefe de E.M. y Coronel del Tercio Baleares
Se propone
la siguiente reorganización del Tercio: Creación de una Compañía
anfibia compuesta de: Una sección de zapadores submarinos, una
sección de zapadores de playa, una sección de tráfico de
muelles y etapas. Creación de un Batallón de Asalto a Costa,
cuya organización no se concreta más. Se supone subsiste, además
de lo nombrado, la actual organización.
Nosotros
encontramos imprecisas e incompletas la organización precitada,
que se expone en el expediente que examinamos, y creemos que los
servicios que la Armada puede pedir a su Infantería de Marina
estarían perfectamente atendidas si los Tercios, además de sus
órganos de mandos y servicios, se compusieran de:
Un Grupo de
asalto formado por 3
unidades de asalto y una unidad de destrucciones, ambas formadas
por 3 secciones de asalto ó 3 secciones de destrucción
divididas a su vez en pelotones de asalto y equipos de destrucción
y protección combinados en la forma que se fijó por esta
Escuela en su escrito nº 660 de 25 de noviembre de 1945; una
Agrupación o Regimiento, integrada por: 3 Batallones de
Infantería, formados por una Compañía de ametralladores y
morteros (con 4 secciones de ametralladoras y una sección de
morteros de 81 mm.) y cuatro Compañías de Fusiles (cada una de
tres secciones de fusiles, una sección de ametralladores
ligeras y un pelotón de morteros de 50 mm.), más una sección
de armas ligeras contra carros por Batallón. Integrarían además
la Agrupación o Regimiento una Compañía de cañones de acompañamiento
(con tres secciones de 2 cañones) y una Compañía de cañones
contra carros (de tres secciones de a 4 cañones contra carros).
Un Grupo de
A.A.A. formado por
tres Compañías de a tres secciones de ametralladoras de 20 mm.
y una Compañía de tres secciones de ametralladoras de 40 mm.
Un Grupo de
carros formado por
una Compañía de carros anfibios y una Compañía de carros
ligeros, ambas de 3 secciones de 5 carros.
Un Grupo de
Defensa Pasiva
formado por una unidad de contra incendios, unidad de
desimpregnación y unidad de desescombro.
Un tren de
desembarco en cuya
constitución entrarían lanchas para desembarco de la tropa y
lanchas para el desembarco de material y carros. Esta organización
está tomada de la expuesta en la Revista de Marina del mes de
agosto de 1948 (pág. 163 y 164), en un artículo en el que además
se encuentra su justificación, con los cuales la Escuela está
fundamentalmente identificada.
Material.-
La primera ponencia propone sobre:
a)
Armamento.-Subfusiles o grandes pistolas-ametralladoras,
granadas de mano de mayor radio de acción que la "Laffite",
material de explosivos, lanzallamas; sustituir las
ametralladoras por otras de tipo ligero y a ser posible de
cinta; adopción de un mortero de las características del de 81
mm. pero menos pesado; la de cañones contra carros ligeros y la
de carros de combate.
b)
Equipo.-Recomienda y cita tijeras corta-alambres, aparatos
detectores de minas, estaciones de radio, material de escala;
sustituir la actual guerrera por otra de tipo sahariana y
suprimir el botón dorado, modificar la forma del gorro; adoptar
una polaina de lona en lugar de la de cuero; reforzar la bolsa
de costado para destinarla exclusivamente al transporte de
granadas de mano y modificar el correaje en las unidades
especiales para adaptarlos al armamento o ingenio de que están
provistas.
La segunda
ponencia propone:
a.
Armamento.-
Cuchillos y
explosivos (para los zapadores submarinos).
b.
Equipo.-
Traje de
caucho, aparato respiratorio, escafandra, aparatos y útiles de
los zapadores de tierra (para los zapadores submarinos).
La
propuesta sugiere:
a. Armamento.-
El
armamento es preciso variarlo en el sentido de que con más
ligereza se aumente su potencia de fuego, pues con el actual no
puede pensarse en obtener halagüeños resultados, siendo
imposible desde las embarcaciones saltar eficazmente a las
playas con la rapidez y movilidad indispensable.
b.
Equipo.
El
vestuario de instrucción y maniobra debe ser objeto de revisión,
conforme se expresa en la correspondiente ponencia.
Junto a las
anteriores opiniones nosotros creemos que los inconvenientes que
se señalen en el armamento empleado en Alcudia hubiesen
disminuido notablemente si en el mismo se hubiera contado con
medios adecuados, tanto para los trasbordos como para los
desembarcos. Verdad que no desaparecerían totalmente y, como
incluso a las unidades de tipo normal ha de procurárseles la máxima
potencia de fuego y la máxima manejabilidad de sus armas y
movilidad, creemos preciso dotar a nuestras fuerzas de las armas
que unan a la necesaria potencia otras condiciones que no
disminuya a los soldados su aptitud para las indispensables
faenas marineras de un desembarco y para la no menos
indispensable capacidad de movimiento y choque.
Hemos señalado
en la organización qué distintas clases de unidades integrarían
un Tercio. Cada una de ellas lleva con su diferenciación a una
especialización de misiones a desempeñar y por consecuencia a
necesitar diferente armamento básico. La denominación de la
unidad señala ya cuál debe ser éste en líneas generales,
pero creemos que la determinación concreta de los tipos, marca,
modelos, etc. del armamento es una cuestión compleja que exige
para su fijación un proceso de estudio y experimentación que
la Escuela no puede hoy cumplir ya que creemos inútil señalar
características ideales para el armamento, prescindiendo de los
tipos existentes. La experimentación es insustituible y sólo
posible sobre armas ya existentes.
Tan
importante como el armamento es la dotación de un material
adecuado para poder desembarcar y maniobrar y subsistir en
tierra. En estos aspectos la experiencia de Alcudia ha sido
insuficiente, incluso la observación del deterioro de las
polainas de cuero y la visibilidad de los dorados exigirían más
larga prueba y mayores experiencias que las de una sola operación.
El problema
del vestuario de las fuerzas de Infantería de Marina, solamente
en parte, puede ser afectado por cual sea el vestuario ideal
para realizar un desembarco, pues a lo sumo esta sería una de
las muchas funciones que dichas fuerzas desempeñarían y es de
desear la adopción de un vestuario de campaña que sirva en
todo caso sin más variación que la que impone la alternativa
de frío o calor, en invierno o en verano.
El
vestuario de campaña ha de permitirlos, realzando la dignidad
de cada individuo y la protección de su salud, desempeñar sin
cambio alguno fundamentalmente sus misiones en paz y en guerra.
La supresión de parte metálica brillante para él, es pues,
una propuesta acertada; pero en el mismo sentido, debe
considerarse la conveniencia de desechar prendas de color azul,
rojo y blanco tan visibles desde distancias cortas e igualmente
viseras brillantes, carrilleras, etc.
Hay una
cuestión de gran importancia que no se trata en el expediente
que examinamos, y es la de que los oficiales y suboficiales
carezcan de vestuario adecuado a las necesidades de campaña;
recordemos cómo en nuestra guerra de liberación los que no
combatían a bordo de los barcos se veían forzados, para actuar
en tierra, a disfrazarse de oficiales de cualquier clase menos
de Infantería de Marina.
En lo que
se refiere a la tropa, el vestuario adecuado de campaña, único
al que nos referimos aquí, aconseja la supresión de toda
prenda que no lo sea para la lucha, tanto de día como de noche.
No creemos sea cuestión de aumentar con algún uniforme la
lista de los hoy reglamentario. Tal vez, la solución se hallase
en la determinación de un uniforme básico que sustituyese al
gris actual y que con la adición de complicaciones accesorias
(hombreras, puños, etc.) se pudiera enriquecer para la prestación
del servicio ordinario a bordo y en tierra en toda época.
Respecto a
los Oficiales la cuestión es distinta; la influencia moral que
en el enlace espiritual tiene la uniformidad aconseja la
conservación de los que son comunes a los demás Oficiales de
la Armada; pero si además es preciso poseer algunos distintos,
como parece necesario es especificar misiones de campaña, este
ha de se tal que le ayude a cumplir su misión en lugar de
dificultársela.
Como en el
caso del armamento, concretar detalles del vestuario exige una
previa suposición de misiones y asesoramientos y experiencias múltiples
que no pueden fundarse solamente en la experiencia de Alcudia.
Reclutamiento.-
No vemos ni encontramos ninguna razón para que se prefiera el
personal procedente de las Cajas de Recluta. Por ello, creemos
debe proceder de la inscripción marítima, que debe pensarse
dará mayor contingencia de individuos adaptados al mar y por
consiguiente más fáciles de instruir en el aspecto marinero
que, todos estamos de acuerdo, debe incrementarse. Pero la
cuestión de la procedencia es secundaria respecto a la
determinación de qué aptitudes debe reunir un buen recluta de
Infantería de Marina. Esto, en cambio, lo creemos primordial.
Exige el
prejuicio aceptado y, generalmente, de pensar que el soldado más
torpe, débil y de peor moral es el adecuado para pasar a
Infantería. La realidad del combate moderno es contrario, sin
embargo, al mismo.
El soldado
de Infantería de Marina no es el especialista de una sola
especialidad, sino el especialista de muchas especialidades, o
al menos tal es nuestra pretensión y tendría que serlo si se
da a los Tercios la organización que se propone. Así, en
principio, sugeriríamos para pasar al Cuerpo una selección a
favor del mismo de los individuos de inscripción marítima;
pero a la vez, comprendiendo que tal cosa es opuesta a las
necesidades del resto de la Marina, que en sus diversos Cuerpos
necesita nutrirse con gente igualmente selecta, propondríamos
se adoptase un automatismo periódico y geográfico que
eliminase toda selección en favor o en contra de los que fueran
a pasar a la Infantería de Marina.
Las tropas que
integrasen las unidades de asalto creemos debieran proceder del
voluntariado, pues las elevadas condiciones morales,
intelectuales y físicas, que se estima deben ser capaces de
satisfacer, se podrían asegurar a priori evitándose perder,
con gente no apta, el esfuerzo y el tiempo que su instrucción
especial exigiría, obteniéndose, además, una mejor, más
completa y más económica
instrucción a base de su mayor permanencia en el servicio, y
sin restar a las demás unidades el mejor personal que viniera
de la recluta forzosa. Con esta forma de reclutamiento mixta, si
deficiencias del personal forzoso lo aconsejara, algunas
especialidades del Tercio se podían cubrir con los voluntarios
en principio admitidos para las unidades de asalto.
Naturalmente
no se contará con voluntarios en número suficiente y de la
calidad deseada si no se mejoran las condiciones de las
convocatorias y porvenir presumible.
En el
expediente se incluye una Ponencia sobre "Defensa de
Playa" hecha a base no de la experiencia del desembarco de
Alcudia, sino de la experiencia de la última guerra, que por el
tiempo transcurrido desde que la ponencia se redactó, han sido
hoy completadas y superadas.
No entramos
en una consideración de detalle de la misma por creer que
rebasa el marco de la tarea que se nos encomienda. Sólo debemos
señalar que se toma como ejemplar un caso particular de la
defensa de costas y no un caso típico general. Las
particularidades estriban entre otras razones en: la
inexistencia de una Escuadra por parte del defensor que la hizo
transformar su costa en frente operativo; a la amplitud de la
marea (alrededor de seis metros) que le obligó a colocar obstáculos
a profundidad variable para que pudieran ser eficaces a
diferentes alturas (en otra costa el problema sería diferente);
el empleo, por deficiencia de recursos, de materiales de
recuperación e inadecuados; al empleo de un personal defensor
que no era de primera clase y además extranjero en gran parte.
Este cúmulo de circunstancias hace muy poco generalizable
consecuencia alguna de previsible utilidad para nuestras tropas
de Infantería de Marina y, así, no puede su estudio constituir
el "punto de partida y base" para una organización
adecuada a nosotros.
Sobre
perfeccionamiento y ampliación de la preparación militar para
todas las posibles misiones de nuestro Cuerpo, en el informe de
los ejercicios de desembarco de 1946, uno de los cuales
examinamos de nuevo, la Escuela proponía las siguientes
medidas:
- Necesidad
del estudio y puesta en vigor de un plan de instrucción para
todas las unidades del Cuerpo.
-
Conveniencia de celebrar cursos de información para Jefes que
tendiesen a la unificación y depuración de conceptos
profesionales.
-
Conveniencia de continuar realizando ejercicios de desembarco,
del carácter de los que se examinan.
- Necesidad
de disponer de embarcaciones adecuadas para los mismos.
- Necesidad
de incrementar la instrucción marinera en la Infantería de
Marina.
-
Conveniencia de afectar a los Tercios de material de desembarco
para atender a la instrucción de su personal.
- Necesidad
de hacer un estudio directo y práctico de las armas de adopción
presumiblemente aconsejable para poder emitir una propuesta
concreta.
-
Conveniencia de que la Escuela participe en la preparación,
desarrollo y crítica de planes de instrucción y de los
ejercicios que efectúen los Tercios,cuando estos tengan interés
general.
Tales
propuestas que se resumen en las anteriores líneas, afirman, a
la vez, nuestra creencia de que el perfeccionamiento profesional
de nuestras unidades para adaptarse a sus posibles misiones y
organización, tal como las propugnamos, no exige la creación
de ningún Centro de enseñanza; el desarrollo, previsible para
esta Escuela en el proyecto de Reglamento de la misma, con la
existencia en la misma de una Unidad de Experiencias, la
transformaría en un órgano totalmente eficientemente para
conseguirla.
Una condición
más sería preciso cumplir, que los Tercios puedan desarrollar
un Plan de Instrucción, sin lo cual el programa o proyecto de
instrucción sería inútil. Contraría en la actualidad tal
deseo el excesivo servicio que en proporción a sus efectivos
prestan y que absorbe a su personal sin permitirle entrenarse ni
prepararse, con la intensidad debida, para lo que es su
principal finalidad: ser en la guerra unidades perfectamente
dispuestas y eficientes para luchar al servicio de la Marina.
Y no teniendo
más asuntos que tratar se levantó la sesión, firmando a
continuación los Sres. componentes de la Junta.
José Pérez
Trigán. Narciso Carreras Matas. Juan Galán Cano. Miguel Yáguez
de Sobrino. Fernando Viguera Martín. Antonio Martín Giorla.
Ricardo Pita y de Ponte. Francisco M. de Galinsoga"".
Como puede
apreciarse, en este interesante documento se pone de manifiesto
el sentir e inquietudes de la época sobre la importancia de la
Guerra Anfibia, lo que origina en el mando la necesidad de
promover estudios sobre la preparación, asignación de
recursos, tanto humanos como materiales, y una adecuada
organización, que permita a la Infantería de Marina ponerse y
mantenerse en vanguardia, espíritu que constantemente se
mantiene desde aquellas fechas hasta nuestros días.
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