|
LAS MUÑECAS Y GALDAMES
|
|
A
MI QUERIDO AMIGO D. antonio
topete. Para
salvar á Bilbao, el general Concha resolvió
ocupar el formidable paso de las Muñecas, dirigiéndose el
28 de Abril de
1874
la división Echagüe á
dar un brioso ataque á las posiciones de
la derecha con el fin de tomar el pico de Haya, que domina el puerto de
las Muñecas; y el general Martínez Campos, con la división de su
mando, marchó hacia las alturas y trincheras establecidas en su
izquierda, quedando la división Reyes en reserva. Sangrienta,
tenaz y encarnizada fue la lucha, teniendo
el mismo marqués del Duero que auxiliar con su cuartel general y un
batallón á Echagüe, tomando parte personal en la acción, decisión
heroica que electrizó el ejército y lo
impulsó á que en una acometida briosa derrotara al enemigo y .se
apoderara de todas sus trincheras. En esta brillante acción se
distinguió el primer batallón del regimiento de infantería de marina,
que formaba parte de la división Martínez Campos, al atacar las
posiciones de la izquierda, donde fue tan porfiada la brega, que hubo
trinchera que se tomó y se perdió tres veces, hasta que al fin fue
recuperada. «Aquí,
dice un distinguido escritor, también hubo rasgos de valor, cabiéndole
la honra de distinguirse con especialidad al batallón de marina que,
todo entero, se presentó voluntariamente á atacar la posición mas difícil.»
Y el marqués del Duero en el parte al ministro de la Guerra, dice: «También
tuvo ocasión de distinguirse en la segunda división, el primer batallón
del regimiento de marina, que se prestó voluntariamente
para atacar el punto más difícil de la
derecha enemiga.» Fueron
los primeros en asaltar la trinchera, el teniente coronel del batallón D.
Manuel de Lara y Pazos, que resultó
herido, el comandante don Félix Campnebi
y nueve soldados de infantería de marina, muriendo
gloriosamente al frente de su compañía
el capitán D. José Sevillano y Rodríguez. ¡Digna muerte del soldado!
Nació para militar, y, como un bravo guerrero, murió ostentando en su
pecho hacia muchos años la cruz de los héroes,
la cruz de primera clase de San Fernando. El
30 de Abril de l874, asistió el mismo batallón al combate de
Galdames, tomando las alturas de la izquierda, denominadas pico de la
Cruz, tras rudísima y heroica
lucha, después de cinco horas, y en las que fueron rechazados varias
veces por el esforzado Solana al frente de dos compañías del batallón
de Cruzados, 4.° de Castilla, coronando
al fin la referida altura el batallón de marina con Tetuán
y Ramales & las doce de la noche. Cincuenta
muertos y más de doscientos heridos, fueron las bajas que tuvo el ejército
mandado por Concha. El
resultado de los combates de las Muñecas y Galdames fue
la retirada del ejército carlista de aquellas famosas y memorables
posiciones de San Pedro Abanto, que habían defendido,
bizarramente durante sesenta y siete días,
quedando libre el paso á Portugalete
y salvado Bilbao. Merecida
admiración causa en todos los que conocen algunos de los hechos de
armas de infantería de marina, las
proezas de este brillante cuerpo en los campos del Norte y del Centro,
su denuedo en Africa, Cochinchina, Santo
Domingo y el Callao y su incomparable bizarría en las luchas navales y
en los combates terrestres, porque sus
soldados han peleado en todos los mares y en das
las naciones, adquiriendo lauros inmarcesibles, y abrillantando con un
heroísmo sin ejemplo las páginas de oro de la santa, la bendita, la
amada patria española. Nombres
grabados con letras de oro, decía en 1882 un notable escritor, en las páginas
de nuestra historia, y con caracteres sangrientos en los corazones de
una inmensidad de madres que aún esperan á sus hijos, macheteados en
Santo Domingo y Cuba, mutilados en Africa, enterrados en las agrestes
simas de San Pedro Abanto, ó despedazados en las trincheras de
Cantavieja, nos recuerdan los servicios prestados por el cuerpo de
infantería de marina en campaña, en donde siempre ha sabido sostener
un sitio en la vanguardia del ejército y merecido especiales y justísimas
consideraciones por su disciplina, valor é instrucción. El
Sr. Romero y Salas, al tratar de la-infantería de marina en su
importante obra La marina militar en España, dice: «La isla de Cuba
está de un extremo á otro regada con su sangre. San Pedro Abanto, las
Muñecas, Cantavieja... todo el Norte de la Península ha presenciado su
heroísmo: la flor de sus oficiales está enterrada en los campos que
fueron teatro de la lucha; sus banderas, siempre victoriosas, ostentan
con orgullo la corbata de San Fernando: sacrificó constantemente su
propio interés al interés de la patria; no retrocedió nunca, jamás
retrocederá.» «He
aquí retratado en pocas líneas el cuerpo de infantería de marina; él
fue, en lo antiguo, muro en que se estrellaron muchas invasiones y
espejo en que se miraban cuantos necesitaban alentarse en el ejemplo: él
es hoy recurso á que se apela en ocasiones apuradas, siempre que
demanda España de sus hijos abnegación, desinterés y patriotismo. ¿Peligran
las Antillas? Pues aún no se ha dado la nación cuenta del peligro,
cuando ya van surcando los mares buques que trasportan á la infantería
de marina, que voluntariamente se presta á combatir contra la emboscada
y contra el clima. Parecen naturalezas de hierro, forjadas de propósito
para resistir todas las fatigas y privaciones, y todos los rigores é
inclemencias.» «El
soldado de marina tiene la doble misión de pelear en el mar y en la
tierra, contrarios elementos á que ha de acomodarse igualmente. Apto
para el uno y para el otro, donde quiera que las armas se crucen, allí
está para luchar hasta lo último, por que sus antecedentes y su
historia le obligan á no ceder.» .
La intrepidez de los soldados de marina en la campaña del Norte, fue
objeto de unánimes elogios, de entusiastas alabanzas, de vibrantes y
hermosos comentarios. El Consejo Supremo de Marina, con ocasión de un
dictamen sobre el pase de los oficiales inútiles para el servicio
activo á la escala de reserva, decía lo siguiente: «Pasó este
periodo de nuestra historia contemporánea, —Independencia—y vino la
guerra civil; guerra desastrosa, en que se batió el padre contra el
hijo, el hermano contra el hermano; guerra en que, á la par de la
cuestión dinástica, se ventilaba la de principios y régimen político;
guerra que tenía tantos alicientes para desunir, no sólo á las
corporaciones, sino á las familias, pues en esa guerra hubo una cosa
notable, y que honra sobremanera á los batallones de marina: ninguno de
sus individuos, desde la clase más elevada á la más baja, figuró en
las filas ni adictos del pretendiente, por que todos siguieron fieles y
constantes sus invictas banderas, esa enseña de honor que habían
jurado.»
• • «Con
posterioridad, en el Archipiélago de Pili-pinas, en la campaña dé
Santo Domingo, en la de Cuba, y por último, en la reciente de la Península,
los batallones de marina se han conducido con arrojo y decisión; y en
las jornadas de Somorrostro, las Muñecas," Galdames y otros han
demostrado que son dignos descendientes de aquellos bravos militares que
concurrieron al glorioso combate naval de Cabo Sicié y enrrojecieron
las aguas de Trafalgar; de aquellos que salvaron sus banderas en la
derrota de Ocaña, y que fueron los primeros en atravesar el río
Bidasoa á la cabeza del ejército aliado del ilustre duque de
Ciudad-Rodrigo.» Los
ocho generales que firmaron el brillante dictamen, habían sido
testigos, en algunos combates, de la bizarría sin ejemplo de un cuerpo,
que tantos laureles conquistó para su patria. Así se comprenden las
elocuentes frases del ilustre general D. Víctor Díaz del Rio,
dirigidas á sus compañeros de armas, el 16 de Mayo de 1882, en el
banquete dado en Ferrol para celebrar la fiesta de San Juan Nepomuceno. «Por
esto se os vé combatir en las cinco partes del mundo, formando unas
veces parte de las dotaciones de los buques como en Lepanto, Trafalgar y
el Callao, prestando el apoyo de que carecía allá en otros tiempos la
armada griega, como peleando con igual arrojo en las Navas de Tolosa,
Vad-Rás, Jólo y San Pedro Abanto. Vosotros, señores, convergentes
siempre á la voz del deber y del honor, allá vais donde el Rey ó la
patria os necesita, muriendo cubiertos de gloria, así sobre la cubierta
de los buques en estrecho y reñido abordaje, como Martín Alvarez, ó
cargando los cañones de la batería, como" Pons, ó lanzándose,
como Herrera, al asalto de una plaza fuerte, ó, como Niño, disparándose
así mismo el último tiro de que disponía, por no ceder con vida el
puesto que le estaba confiado, ó, como Pardo y Barra, al tomar á viva
fuerza atrincheramientos formidables. Terminada
la guerra carlista, el general Rodríguez de Arias, ministro de marina,
dirigió al cuerpo una entusiasta comunicación, encareciendo los
servicios prestados á la Patria y los heroicos hechos de armas de los
batallones de marina. |