MEMORIA QUE EL GENERAL DEL CUERPO DIRIGIÓ AL SR. MINISTRO DE MARINA, COMO RESULTADO DE SUS OBSERVACIONES EN LA MISIÓN QUE LE FUE CONFIADA EN ABRIL ÚLTIMO DE ORGANIZAR LAS FUERZAS DE INFANTERÍA DE MARINA, EN PREVISIÓN DE LOS ACONTECIMIENTOS DE CUBA Y FILIPINAS:

 

   “Excmo. Sr.:

Honrado por V.E., al conferirme la comisión, como General de la Infantería de Marina, de facilitar y organizar los batallones del Cuerpo que el Gobierno de S.M., en vista de las excepcionales circunstancias por que atraviesan las islas Filipinas y de Cuba, ha creído conveniente pasen á reforzar los ejércitos que guarnecen aquellas apartadas regiones y defienden con su tradicional bizarría el honor de lla bandera española y la integridad del territorio nacional, creo de mi deber poner en el superior conocimiento de V.E., que tanto se interesa siempre por cuanto pueda contribuir al brillo y esplendor de la Marina militar y de sus Institutos, tanto el resultado de mis observaciones al despedir en nombre de V.E. á los que llevan la honrosa misión de continuar nuestra gloriosa historia, como  aquellas ideas que en la esfera del gobierno pudieran traducirse en disposiciones que contribuyeran al mejor resultado del servicio encomendado al Cuerpo de Infantería de Marina.

 

   No se ocultará seguramente a V.E. las difíciles circunstancias en que por efecto, sin duda, de la penuria del Tesoro, este organismo se encontraba, pues reducidos sus batallones ó la exigua fuerza de 130 hombres, escaso su material, no pudiendo sus unidades tácticas adquirir, por lo que expongo, la instrucción y prácticas indispensables de la vida militar, y con otras circunstancias que fácilmente comprenderá V.E., parecía difícil que al ordenarse por el Gobierno de S.M. la organización de las fuerzas expedicionarias, el resultado haya sido tan rápido y satisfactorio, como me complazco en recordar á V.E. A los quince días de ordenarse la organización de los mencionados batallones el segundo del tercero estuvo listo para emprender su marcha a Cuba, y allí se encuentran, Excmo. Sr., 900 soldados de Marina con sus clases correspondientes , cubierto su cuadro de Jefes y Oficiales, equipados, dispuestos  de todo lo que necesitar pudieran, y teniendo tal vez á estas horas la envidiable satisfacción de haber demostrado ante el enemigo de la patria, la fe y el entusiasmo que les anima.

 

   Al permitirme aconsejar á V.E. fuesen los segundos batallones los que se alistasen para salir, fue con la idea de que quedasen en los Departamentos las planas mayores y músicas, pudiendo al mismo tiempo desde aquí atender con la urgencia necesaria á las necesidades que aquellos han de sentir durante la guerra.

 

   La especial campaña con tanta gloria sostenida por el bizarro ejército de Filipinas, afirmando en la isla de Mindanao la soberanía española, es bien distinta de la que en este momento se sostiene en la gran Antilla. Requiere la primera para el sostenimiento de aquel importante territorio, poblado por razas de distintos idiomas y de distintos orígenes, un numeroso núcleo de fuerza europea que sea el sostén de nuestro prestigio militar en el Archipiélago, y muy honroso que por ello quede allí por tiempo indeterminado el segundo batallón del primer regimiento; pero esto mismo reclama que esta unidad sea sustituida en la Península por otra de nueva creación.

 

   Las exigencias que la época impone al Oficial moderno; las necesidades que lka vida de campaña exigen al subalterno; la virilidad y hasta el entusiasmo de la juventud, confiando al valor y arrogancia de la edad el desempeño de los primeros escalones de la milicia, hacen Excmo. Sr., bien notoria la necesidad de llevar á estas jerarquías del Cuerpo esta savia más que nunca necesaria en momentos como los presentes y teniendo una oficialidad subalterna y dignísima; pero que gran parte de ella alcanza edades no las más a propósito para sus funciones. Siendo, aun en estas mismas condiciones, escaso su número para llenar cumplidamente el servicio; teniendo la mayoría como próximo límite de su aspiración militar el retiro que por edad señala la Ley; castigadas sus naturalezas por las fatigas y desvelos de sus muchos servicios, todo esto impone, como comprenderá V.E., la necesidad de traer al Cuerpo nuevos Oficiales, que á más de suplir estas deficiencias, permitan estén desempeñados todos los cargos de estas jerarquías en la justa proporción que el bien del servicio reclama, pues, para no molestar mucho la atención de V.E., me bastará indicarle que los cuadros de reclutamiento, cuya importancia militar no necesito encarecer á V.E., carecen de subalternos, como igualmente los primeros batallones que quedan en los Departamentos, por haber tenido necesidad de disponer de esos Oficiales para los batallones expedicionarios; y  grave sería que nuevas necesidades del país exigieran la movilización de los que por el momento no tienen el honor de compartir con los segundos batallones las vicisitudes de la vida de campaña. Por todo los expuesto, reitero á V.E. la necesidad de una próxima convocatoria.

 

   Otro de los puntos de no menos importancia que creo de mi deber llamar sobre él la alta atención de V.E., es sobre  la conveniencia de que los batallones que en la actualidad guarnecen los Departamentos, tengan en fila la fuerza precisa, tanto para poder llenar el servicio á bordo y en tierra, como para que la instrucción militar de todas sus clases pueda adquirirse y practicarse de modo que responda al fin que siempre se persigue. Con  unidades tácticas casi ilusorias nada puede hacerse, Excmo. Sr., y hasta el espíritu militar que constantemente debe presidir todos los actos de los que sirven á la patria bajo las banderas de un batallón, decae cuando éste carece en absoluto de medios donde pueda desarrollarse la iniciativa y entusiasmo de sus Jefes.

   Y si fuera preciso que atenciones urgentes como las que han aconsejado al Gobierno de S.M. movilizar los segundos batallones, exigieran lo mismo de los primeros, nunca serián las condiciones de éstos, hasta transcurrido mucho tiempo, las que los segundos tendrían seguramente al haber adquirido en la vida de campaña la cimentación de todas las virtudes militares que constantemente han caracterizado á la Infantería de Marina.

  Estas son por el momento aquellas observaciones de mayor importancia  que me considero obligado á poner en el superior conocimiento de V.E., y conociendo el interés, entusiasmo u celo tan acreditado por V.E. en el mejoramiento de todos los servicios de la Marina, todas cuantas puedan contribuir á tan levantado fin me permitiré elevarlas á V.E., en la seguridad de que V.E. verá siempre en mis propósitos, el de auxiliarle desde el cargo que ocupo, como es mi deber y merecer quien tan dignamente ejerce el alto mando de la Armada por la confianza de S.M.- Dios guarde á V.E. muchos años.- Madrid 19 de Abril de 1895.- Olegario Castillani.-Excmo. Sr. Ministro de Marina.”