PATRONO DEL CUERPO

ANEXO A

         San Juan Nepomuceno es el patrono particular y privativo del Cuerpo desde el siglo XVIII.

  En 1330 nacía en un lugar de Bohemia llamado Nepomuk de padres ya mayores, quienes, en agradecimiento a la Virgen por tan ines­perada descendencia y por haberle salvado de una peligrosa enfermedad en su infancia, hicieron voto de consagrarle a Díos, inculcándole una gran devoción por María.

  Después de unos primeros estudios en su ciudad natal, pasó Juan a Praga, capital del Reino, donde estudió Teología y sagrados cánones, ingre­sando en el sacerdocío. Pronto se hizo célebre por su virtud, su oratoria y su sabiduría, obteniendo un_ canonjía en la iglesia metropolitana de Praga. Su fama y santidad hicieron que acudieran multitud de personas a sus homilías, incluida la familia real.

  Consintió en su nombramiento para primer capellán del rey Wenceslao, con la condición de que se le permitiese seguir predicando, pero renunció a las diversas sedes episcopales que se le fueron ofreciendo. Nombrado también confesor de la reina Juana, sufrió todo tipo de presiones del rey, que dominado por sus celos enfermizos deseaba cono­cer las confesiones de su esposa, hasta el punto de sufrir tormento y apaleamiento, y sin que de su ;boca saliese ninguna información ni queja.

           Vuelto a sus actividades predicantes, de 1as que en la última hizo un anuncio premonitorio de su propia e inminente  muerte, un día, al regresar a Praga tras una visita al santuario de Boleslabia, fue llamado a palacio, donde Wenceslao le conminó por última vez a contarle los secretos de la reina, amenazándole en caso contrarío con la muerte. Ante la nueva negativa de Juan, atado de pies y manos, fue arrojado al río Moldava en un lugar del puente que comunicaba ambos barrías de Praga, donde, según es tradición y sobre el nuevo y soberbio puente barroco, se erige una estatua a su memoria y que la devoción popular ha limado con el roce de miles de labios. Llevado a cabo el asesinato con gran discreción, se dio al santo por desaparecido, pero durante muchas noches consecutivas aparecieron misteriosas luces en un reco­do del río en el que fue hallado el cuerpo y enterrado, tras saberse los pormenores de su martirio, con gran pompa en la catedral de San Vito y bajo el siguiente epitafio: "Yace aquí Juan Nepomuceno, confesor de la reina, ilustre por sus milagros, quien, por haber guardado el sigilo sacramental, fue cruelmente martirizado y arrojado desde el puente de Praga al Moldava, por orden de Wenceslao IV, el año 1393".

            A principios del siglo XVIII se inició el proceso de su canoniza­ción y, tras haberse probado varios milagros atribuidos a su intercesión, se ordenó la apertura de su tumba, apareciendo después de 300 años la lengua del cadáver incorrupta y fresca, lo que determinó al Papa Benedicto XIII a proclamarlo santo el 19 de marzo de 1729.

  Reconocido como patrono y protector de Bohemia, su devoción es muy grande, incluso en nuestros días, en las naciones que antigua­mente formaron parte del Imperio Austro-Húngaro, celebrando la Iglesia su fiesta el 16 de mayo.

  Aún hoy nos causa cierta perplejidad el que un santo forastero, tan lejano en el tiempo y en el espacio, haya llegado a ser patrono de un cuerpo militar especialmente combativo.

  No han llegado hasta nosotros las causas ni el momento exacto en que se tomó esta decisión, pero alguna parte debió tener en ella el marqués de la Victoria, que tan devoto era y que también participó en extender la devoción de la Virgen del Carmen. Es muy posible que, desde su cargo de director general de la Armada, acometiese la tarea de dar patrono a dos de sus cuerpos militares, el General y el de Batallones, ya que las Brigadas contaban, como sus compañeros artilleros de Tierra, con la protección de Santa Bárbara.

  De lo que no cabe duda es de que a mediados del siglo XVIII está ya tan extendida la devoción del santo bohemio, que uno de nuestros buques más importantes, un dos puentes de 74 cañones construido en 1766, recibe su nombre.

  Fernández Gaytán recoge un documento procedente del Archivo de Zamancas por el que el marqués de la Victoria informa al secretario de Marina, frey D. Julián de Arriaga, de los siguientes pormenores: "Habiendo elegido el cuerpo de Batallones de Marina por su protector a San Juan Nepomuceno, y tomado de antemano las regulares provi­dencias a celebrar de fiesta. con el lucimiento y esplendor que corres­ponde a tan brillante y distinguido Cuerpo, lo han solemnizado en el día de hoy con la más plausible solemnidad y ostentación, cooperando a ésta el haber quemado en la víspera vistosos artificiales fuegos, y dis­puesta una muy numerosa orquesta en que concurrieron los más hábi­les instrumentos de este pueblo, con cuya asistencia a los oficios en ese día, y la de cuantas personas visibles hay en él, ha acreditado el referi­do Cuerpo su esmero y fervorosa devoción al enunciado santo".

            Sabemos que San Juan de Nepomuk fue durante mucho tiempo patrono de la Infantería de Marina, pero su advocación se fue olvidan­do hasta que una R.O. de 18 de marzo de 1878 le confirma como tal a petición del Cuerpo, se celebra su onomástica y se ordena que en las  capillas de los cuarteles se veneren sus imágenes.

  La Orden, dirigida a los mandos jurisdiccionales, estaba redacta­da en los siguientes términos: "Excmo. Sr.: Habiéndose dirigido al señor Vicario General Castrense el Inspector que fue del Cuerpo de Infantería de Marina, con la Comunicación que se acompaña marcada con el n.O 1, en súplica de que volviera a confirmarse a San Juan Nepomuceno como Patrono de dicha Infantería, según lo había sido en épocas pasadas y confirma el expreso escrito: la Autoridad Eclesiástica Castrense ha accedido a lo solicitado en los términos que manifiesta la contestación señalada con el n.º 2.

  Dada cuenta a S.M. el Rey (Q.D.G.), se ha dignado mandar se comunique a V.E., para su conocimiento y fines que correspondan, siendo al propio tiempo su soberana voluntad que el día 16 de mayo, en que se celebra constantemente la festividad del Santo Patrono San Juan Nepomuceno, lo sea de gala para cuantos pertenecen al Cuerpo de Infantería de Marina, celebrándose una función religiosa, según permi­tan los fondos de entretenimiento general de los Regimientos, Batallones sueltos Apostaderos; costeándose por los mismos la efigie del Santo o retrato en pintura que ha de existir en la capilla de los cuarte­les donde alojan de ordinario las tropas de la Armada, de que se trata.

  De Real Orden lo digo a VE. para su conocimiento y circulación. Dios guarde a VE. muchos años. Madrid, 18 de marzo de 1878. -Pavía-. Sres. Capitanes y Comandantes Generales de los Departamentos, Apostaderos y Escuadra de Instrucción."

  En su confirmación como patrono tampoco se decía nada ni del origen ni de la causa de su adopción.

  Se ha señalado que la devoción bien pudo introducirse en España a través del libro de Passi "La storia della vita, del martirio, e di mira­coli di S. Giovani Nepomuceno", que fue publicado en Roma en 1729, dándonos una interesantísima pista relacionada, ¡cómo no!, con el mar­qués de la Victoria, cuya familia materna, los Búffalo, le era muy devo­ta, recordando además que fue el mismo D. Juan José Navarro quien notificó oficialmente que el 24 de mayo de 1758 los ocho batallones de Infantería de Marina habían elegido este patrono, con el precedente de que desde e13 de agosto de 1731 el virrey de Nueva España había man­dado que el Batallón de Barlovento lo tuviera por patrón mientras estu­viera en España, siendo su patrona en el Virreinato la Virgen de Guadalupe.

  Tras estas pruebas, que al menos nos sitúan en un período bas­tante preciso, se ha justificado el nombramiento en ser "mártir del sigi­lo sacramental y abogado de la buena fama, para que el soldado tomán­dolo como ejemplo no quebrante el secreto de las consignas recibidas". Estos fueron al parecer los términos que se emplearon en los antiguos documentos, pero se nos antoja la citada explicación un tanto incom­pleta.

  Nuestro San Juan nada tenía de marino, pero su muerte la com­partirían cientos, tal vez miles, de soldados de Marina, siendo sin duda el miedo a perecer ahogado muy superior al de hacerlo en combate.